A veces, nuestra vida parece perfecta sobre el papel: trabajamos, cuidamos de los nuestros, nos esforzamos incansablemente por mejorar. Sin embargo, existe una sensación persistente, una fricción interna que nos impide avanzar con fluidez. Es como si hubiera una voz interna que, justo cuando estamos a punto de lograr algo, nos susurra al oído dudas y desata nuestros miedos.